SOFIA VOY A PASAR SIETE DIAS CONTIGO SEGUNDA PARTE

editor on Sep 4th 2007

Y partimos de viaje rumbo al país búlgaro, un viejo integrante de la llamada cortina de hierro. Siempre me gustó el nombre de la capital, Sofía. Era un nombre que me inspiraba paz y un extraño magnetismo por conocerla. La única referencia que tenía acerca de esta ciudad era un capítulo de aquella ilustrativa serie de la década de los ochentas llamada McGyver, protagonizada por Richard Dean Anderson, quine desapareció después de la exitosa serie para reaaprecer hace algunos años atrás en otra serie de menor interés llamada Battle Star Galáctica. En los ochentas siempre me reunía con mi hermano, otro infaltable de esta serie y juntos compartíamos las peripecias de este peculiar personaje que se daba maña para resolver casi cualquier problema en base a su ingenio y creatividad. Definitivamente una serie muy educativa y con el agregado de que a McGyver no le gustaba usar armas. Sin embargo poseía un arma mucha más poderosa como lo es el conocimiento. Nunca se aclaró ese tema pero parece ser que era un Físico Químico. El personaje en cuestión trabajaba para la Fundación Fénix al mando de un rechoncho jefe llamado simplemente Pit e interpretado por Dan Lauria. Se le encomendaban ciertas misiones y si no él mismo se metía en líos con poco o ningún esfuerzo. Es en uno de estos capítulos que nuestro personaje tenía que rescatar a un doctor en química que se encontraba justamente en Bulgaria, país que en ese corte histórico aún pertenecía al bloque comunista. El doctor en cuestión había desertado y buscaba que fugar del país para lo cual contaba con la ayuda de la Fundación Fénix y de nuestro entrañable personaje que viajó hasta aquel país para efectuar el rescate. Por supuesto, una vez allá, tuvo que enfrentarse a la férrea custodia que supo sortear en base a habilidad e ingenio. En varios momentos de las persecuciones se veían las calles búlgaras y me gustaban esas construcciones simplistas, hogares clásicos por los que el tiempo parecía haber olvidado pasar, los autos lo mismo, muchos Yugo y pequeños Fiat por las calles.

Hasta mi viaje esas eran las únicas referencias que tenía pero como digo, sentía un extraño magnetismo que me impulsaba a dirigirme hacia ese destino. Me tocó viajar con mi pareja y hasta allí nos dirigimos. La ciudad era como lo pensaba, se resistía a modernizarse, al menos por completo, se respiraba historia ahí. Me gustó mucho la vista del monte Vitosha que resulta ser un grupo de montañas no muy elevadas, con un pico máximo de 2300 metros, ideal para los montañistas inexpertos o recreacionales. En algunos de sus nevados incluso se puede llevar a cabo la práctica del esquí y algo especialmente fascinante para mí, el traslado en teleférico con una vista sensacional y una sensación de vuelo que está a medio camino entre un vuelo en avión convencional y un vuelo arriesgado en paracaídas. El resto de los siete días lo pasamos en la misma Sofía paseando por sus calles y tomándonos fotos a discreción, visitamos el Parque Meridional de Sofía, desde donde se obtiene una magnífica vista del macizo de Vitosha, la cual nos hizo extrañarlo. Nos empapamos también de la historia de aquella ciudad, una de las más antiguas de Europa con más de 7000 años de haber sido habitada y pasando hasta la actualidad por diferentes gobiernos, desde los griegos hasta los rusos pasando por los romanos y turcos. Gran recuerdo sin duda, quizá algún día cuando nuestros hijos sean independientes podamos volver a aquel anciano país y volver a abrazarnos eternamente a los pies del Vitosha.

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