SOFIA VOY A PASAR SIETE DIAS CONTIGO

Allison on Aug 20th 2007

Muchas veces la saturación y la rutina hacen que una pareja atraviese ciertas crisis dentro del matrimonio y de repente ni siquiera debería mencionar la palabra matrimonio, puede tratarse de un nivel menor en la “jerarquía” social como lo es la mera convivencia. El matrimonio de por sí implica un compromiso legal de por vida, la percepción actual es esa, la de una atadura. De un tiempo a esta parte las estadísticas no favorecen en nada a los matrimonios celebrados e inexorablemente marchan a la separación. Las complicaciones son muchas. El desgaste natural al pasar de encuentros esporádicos e interdiarios o hasta diarios a una convivencia durante gran parte del día. La crianza de uno o más hijos con los problemas intrínsecos que ésta acarrea, etc. En el caso de la mera convivencia vendría a ser prácticamente lo mismo sólo que sin la figura contractual del matrimonio a cuestas. Distinta es la situación cuando merced a un contrato pre establecido se han adquirido compromisos de por vida y necesitamos coger fuerzas de donde sea para seguir adelante. En la convivencia simplemente una separación puede resolver el problema de un plumazo salvo algunos marcos legales que delimitan un matrimonio de hecho. Cuestión de analizar los tiempos y listo. Pero el caso en que me quería enfocar es el de un matrimonio con los compromisos ya adquiridos de por vida y que sufre el natural desgaste de la rutina y el roce diario. A mi me ha pasado y escribo con autoridad. Mi matrimonio empezó entre nubes blancas con un largo noviazgo, mi pareja y yo creímos estar listos para dar el gran salto. Así lo hicimos y al poco llegaron los hijos. Fue una etapa muy bonita el ser padres, pero poco a poco la tónica de la relación fue cambiando y el centro de gravedad ya no era nuestra relación propiamente dicha sino nuestros hijos. Descuidamos áreas vitales en nuestra vida de pareja como nuestros momentos a solas, nuestros clásicos paseos vespertinos por el parque, nuestros momentos de intimidad sexual se vieron invadidos y algo que en eso momento no advertimos y que de hecho formaba parte de nuestra principal fuente de enriquecimiento energético, nuestros viajes programados al año.

 

            Casi siempre teníamos costumbre de viajar hasta dos veces al mes, dependiendo obviamente de nuestro presupuesto y de nuestros tiempos libres. El primer problema lo podíamos resolver pidiendo un préstamo o solicitando algún crédito en una entidad financiera. Lo segundo si ya era un poco más complicado porque ambos trabajábamos por lo que generalmente viajábamos los fines de semana. Los viernes en la noche prácticamente consistían en una carrera que cada uno sostenía para ver quién lograba estar listo para viajar primero. Recuerdo que jugábamos a eso y me gustaba poner tensión al momento anunciando a mi pareja que ya estaba en la casa preparando mi maleta cuando la otra parte recién estaba en horas laborales, todo en broma y divertimento por cierto. A veces “ganaba yo” a veces mi pareja pero finalmente ganábamos ambos porque ese mismo viernes en la noche o máximo al día siguiente muy temprano ya partíamos rumbo al destino elegido. Recuerdo mucho un viaje que hicimos a las afueras de Sofía en el país de Bulgaria, ahí si nos tomamos una semana de vacaciones que por suerte pudimos hacer coincidir. El financiamiento fue como arreglado por el destino ya que una amiga en común de ambos ingresó a trabajar por esas fechas a una agencia de viajes y turismo. Ni bien ingresó a  su nuevo trabajo, Lizzy tuvo que armarse con una cartera de clientes desde cero. Es así que contactaba frenéticamente a sus amigos, terceras, cuartas y quintas personas ofreciéndoles toda clase de paquetes turísticos y facilidades de financiamiento de viajes a sus principales referidos y amistades. Nosotros fuimos uno de sus primeros blancos al conocerse nuestra compulsiva conducta por los viajes y recibimos su llamada justamente un fin de semana que nos encontrábamos en Madrid. Fue el inicio de lo que serían siete hermosos días en la mística Sofía a los pies del Monte Vitosha, días que pronto les resumiré.

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