VIAJES CON DESTINO AL OLVIDO

Angelina on Sep 26th 2007

En ese mismo instante, yo me dedicaba a pensar si esa decisión sería la adecuada, no es tan fácil tomar decisiones apresuradas, siempre se tienen que pensar mucho, sin embargo, debía efectuarla en un determinado momento. Era eso, o de alguna manera desaparecer del mapa por un tiempo, eran dos opciones, una más fácil que la otra sin embargo, ambas tenían sus pro y contra.

Si lo comparamos con un viaje, el suicidio o la muerte es un viaje del cual uno se desconecta de lo anterior, es decir ésta nos lleva lejos y no nos permite la comunicación con las personas que queremos o las queremos olvidar, de la misma manera, esas otras personas no se pueden comunicar con nosotros, es por ello que lo defino como un viaje camino al olvido.

La otra opción era realizar lo mismo pero sin la necesidad de haber muerto, es decir, empezar un largo viaje a cualquier destino y olvidarme de todo y de todos, obviamente sería mucho más difícil, ya que la distancia, así como el encierro son potenciadotes de los sentimientos, en ese sentido se podría decir que la tentación sería grande, por algún día coger un teléfono y realizar una llamada a cualquiera de mis amigos o mis familiares.

Pero en realidad, un poco más calmada y mirando el panorama con más serenidad, me percaté que unos días fuera y sola no me caerían nada mal. Es así que partí a un viaje a Buenos Aires, cinco días nada más, sin embargo, me permitieron pasar un tiempo conmigo misma, es decir, conocerme interiormente y poner las cosas en orden en mi cabeza.

Definitivamente un viaje en soledad es el más adecuado en esos casos. Muchas veces las crisis existenciales están acompañadas de estados de mal humor, que seguramente, nadie estará dispuesto a soportar en un viaje, donde se supone que todo es diversión.

Recuerdo claramente como podía salir con mi walkman a caminar por las plazas y las calles principales (para tomar la decisión de viajar sola, es imprescindible que los miedos queden a un lado, al menos por un tiempo considerable) algunas veces cantaba en voz alta y sentía la libertad de estar en un sitio que era para mi como el paraíso, donde no conocía a nadie ni nadie me conocía. Donde podría hacer lo que se me venga en gana sin reparos ni cuentas al final de día.

Toda una experiencia en verdad, que es realizable independientemente del lugar que visitemos. Como dije líneas arriba, al perder el miedo ya no importa nada, aunque había visto en la televisión que algunas calles eran peligrosas, eso queda a un lado totalmente, sólo queda uno, la ciudad y su libertad.

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